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La mayoría de los lectores en español hemos conocido a la escritora coreana Han Kang (Gwangju, Corea del Sur, 1970), gracias a que ha sido galardonada con el premio Nobel de literatura 2024. En este sentido reconozco (seguro que otros muchos lectores se unirán a mi declaración) que, con anterioridad a las novelas de Han Kang, mis lecturas de autores orientales se circunscribían a algunos escritores japoneses y unas pocas de sus obras. Tales como Haruki Murakami, Tokio blues (Norwegian Wood). Natsume Soseki, Soy un gato; Kokoro. Y Kazuo Ishiguro, Los restos del día. Pero este desconocimiento también se extiende a autores occidentales. Por ejemplo, Jon Fosse, premio Nobel de literatura 2023, considerado uno de los escritores más importantes de nuestro tiempo y, por desgracia, prácticamente desconocido para los lectores en español. A Jon Fosse la editorial que lo dio a conocer antes de la concesión del Nobel fue DeConatus. Tras conseguir el más prestigioso de los premios de literatura, las grandes editoriales se lanzaron a la compra de los derechos de sus obras. A él también le dedicaremos un artículo en este bloc.

La vegetariana: La novela

La vegetariana, desde su publicación y traducción a múltiples idiomas no ha dejado de recibir las más elogiosas críticas en los principales periódicos y revistas del mundo. La novela ganó en 2016 el Premio Booker Internacional. Narra la historia de Yeonghye, una mujer joven, sin ningún atractivo o defecto que la caracterice. Alguien que en el mejor de los casos pasaría desapercibida a los ojos de cualquiera. No es ella quien va a narrar su historia. En la primera parte de la novela, la autora utiliza la voz en primera persona del marido, en la segunda y tercera parte el narrador es omnisciente, pero focalizado en el cuñado y la hermana de la protagonista respectivamente.

¿Cómo puede un personaje, que a priori no tiene ningún atractivo, convertirse en una fuerza narrativa que te atrapa y te arrastra a sensaciones angustiosas en algunos momentos? Según el jurado del Premio Booker Internacional, La vegetariana es: “Una obra compacta, exquisita y perturbadora que reverberará en las mentes, quizá también en los sueños, de todos sus lectores”. Otros críticos hablan de la novela como “La vívida y a veces violenta narración de Han Kang despierta incluso los paladares literarios más saciados” (The Independent), “un libro que resistirá el paso de los años” (Gabi Martínez), “palabra a palabra La vegetariana es una experiencia extraordinaria” (Daniel Hahn, The Guardian), por mencionar solo algunas de las muchas críticas que se han hecho de la novela y de su autora.

El secreto de la historia, creo yo, está en la evolución que vemos experimentar en el personaje principal, Yeonghye, a lo largo de la novela y que nos es narrado por tres voces diferentes. O, mejor dicho, cómo la ven cada uno de los otros personajes. Porque Yeonghye, en realidad, ha decidido emprender su propio camino en busca de una vida más auténtica, algo que los demás no logran entender y por tanto no lo respetan. El primer paso que da es convertirse en vegetariana, de ahí el título. Esta primera decisión va a colisionar con la mentalidad, las costumbres, la sociedad y la autoridad establecidas (sea familiar o social), nadie la comprende, nadie la apoya, lo único que puede esperar de su entorno es una débil tolerancia que acabará rompiéndose y rompiéndola a ella. Lo que empieza con unas pesadillas sanguinarias que la despiertan por las noches y que la empujan a dejar de consumir carne, acaba convirtiéndose en una forma de vida a la que no está dispuesta a renunciar. Yeonghye no abandonará el camino que ha emprendido y que la llevará a ser tratada como una loca por la familia y por los médicos. Pero, veámoslo a través de las voces que nos cuentan la historia.

Yeonghye: El personaje.

(La vegetariana: Una decisión que nadie entiende)

Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana, nunca pensé que fuera una persona especial. Para ser franco, ni siquiera me atrajo cuando la vi por primera vez. No era ni muy alta ni muy baja, llevaba una melena ni larga ni corta… Si me casé con ella fue porque, así como no parecía tener ningún atractivo especial, tampoco parecía tener ningún defecto en particular. Su manera de ser, sobria y sin ninguna traza de frescura, ingenio o elegancia, me hacía sentir a mis anchas… Nunca he pretendido más de lo que creo merecer… Así pues, fue natural que eligiera casarme con ella, que tenía el aspecto de ser la mujer más corriente del mundo… Tal como lo había esperado, mi mujer se ajustó sin problemas al rol de esposa común y corriente que yo deseaba.

Esta es parte de la descripción que el marido de nuestra protagonista hace de ella al inicio de la narración. Una descripción brutal, falta de amor, falta de comprensión y de un egoísmo que hiere las pupilas del lector que abre el libro. Su mujer es para él la criada que le arregla la casa, la cocinera que le prepara la comida y el cuerpo (objeto) con el que desahoga sus necesidades sexuales. Nada más. Es una descripción que la deshumaniza.

El narrador-marido no nos permite conocer cuáles, en esas circunstancias, son los sentimientos de Yeonghye. Hasta que ella deja de ser lo que a él le conviene que sea. Es entonces cuando la mujer a la que él ha descrito, nuestra protagonista, se convierte en un ser humano, precisamente porque ha decidido tomar las riendas de su propia vida.

El cambio de hábitos en la protagonista empieza con unas pesadillas que la perturban hasta el extremo de vaciar el frigorífico de carne y tirarlo todo. Yeonghye se hace vegetariana e impone en su hogar una dieta estrictamente vegetariana que su marido no comprende, aunque no tiene más remedio que aceptar a regañadientes, incapaz de valerse por sí mismo. Al cambio en la dieta se le irán sumando otros que enervarán aún más a su marido: Su mujer apenas habla con él, la mayor parte del tiempo está ausente; deja de ocuparse de su ropa y rehúye tener sexo. El marido no consigue doblegar la voluntad de Yeonghye. Así que recurre a la violencia física para someterla y tener sexo con ella. De hecho, la viola cuando vuelve a casa borracho. Ella no protesta, pero tampoco se rinde.

La fortaleza de la decisión de su esposa va minando el poder que él creía tener sobre ella. Tras su fracaso, intenta recuperarlo acudiendo a los padres y los hermanos de Yeonghye. La determinación de la protagonista se reafirma alimentándose de la incomprensión de las personas que la rodean. Todos arropan al marido, los jefes y sus mujeres en la cena a la que los invitan y la familia de ella en la reunión familiar en casa de la hermana. Al final, el violento ataque de su padre provocará que Yeonghye se autolesione.

La soledad a la que se ve abocada nos conmueve.

(La mancha mongólica: la obsesión del cuñado)

Lo primero que llama la atención de la segunda parte, la que va a ser narrada desde la focalización en el cuñado, es el título: La mancha mongólica.

Descubrimos a un artista con un vacío creativo que dura dos años, un cuaderno de bocetos de cuerpos desnudos entrelazados pintados con grandes flores y una obsesión: la mancha mongólica que su esposa le ha revelado que tiene Yeonghye y que no ha desaparecido con la edad.

La protagonista que no tenía para su marido ningún atractivo se convierte en una obsesión para el cuñado.

Había comenzado a pensar de un modo diferente sobre su cuñada cuando escuchó a su mujer hablando de la mancha mongólica. Antes de eso nunca había sentido nada especial por ella… Pero era innegable que su cuerpo ardía cuando se acordaba de ella haciendo sombras en el balcón con los dedos extendidos y la mirada perdida…

En un primer momento, el cuerpo delgado y delicado de Yeonghye es el lienzo perfecto para las grandes flores de vivos colores que el cuñado tiene en mente. Partiendo de la mancha verduzca que la protagonista tiene en la nalga (la mancha mongólica), no mayor que un dedo índice, el cuñado logra satisfacer parte de su obsesión. Consigue pintar sus flores en el cuerpo de ella. Aunque, al mismo tiempo, precipita su deseo de llevar hasta el fin la idea artística que lo atormenta. La naturalidad con la que ella se queda desnuda contrasta con la obsesión que corroe al cuñado. Porque él no quiere que su obra finalice ahí, pretende que su cuñada tenga sexo con un hombre después de haberlos pintado a los dos con las flores. Pretende que el cuerpo del hombre y de la mujer se entrelacen en una sinfonía de colores y motivos vegetales con los movimientos sensuales de la cópula.

Yeonghye contempla su cuerpo pintado y no quiere desprenderse de la sensación que la embarga. Le gusta ser parte de ese mundo vegetal que se va apoderando de su mente. Lo que sucede después tendrá que descubrirlo el lector. Solo quiero decir que Han Kang narra con una prosa delicada una situación de una violencia emocional que conmoverá al lector.

(Los árboles en llamas: silencio y locura de Yeonghye)

Yo ya no soy un animal… Ya no necesito comer. Puedo vivir sin alimentarme. Me basta el sol”

Con estas palabras, Yeonghye revela a su hermana cuál es su intención y también cuál es su destino. La protagonista ha sufrido varias crisis y está ingresada en una residencia en medio de un bosque de grandes árboles. Un lugar apartado de la ciudad, donde ella da un paso más hacia su destino. Quiere ser un árbol, enraizarse en la tierra y dejar de ser humana.

¿Qué estás diciendo? ¿Crees que te has convertido en un árbol? Si eres un vegetal, ¿cómo es que puedes hablar? ¿Cómo es que puedes pensar?

Esta tercera parte, Los árboles en llamas, está narrada desde el punto de vista de la hermana. La narración va alternando los recuerdos, las reflexiones y las digresiones de la hermana entorno a Yeonghye y su enfermedad. Ella es la única persona que todavía sigue al lado de la protagonista.

Han Kang consigue que avancemos en la narración con la angustia pegada a la garganta. Intuimos el desenlace (o creemos saber lo que va a pasar, puede que así sea o no), pero no podemos dejar de leer. A medida que avanza la lectura, la autora consigue pegarnos a las páginas con una técnica sencilla y efectiva, nos recuerda constantemente que: Está pasando el tiempo El tiempo pasa El tiempo sigue pasando El tiempo no se detiene. De esta manera nos conduce al desenlace.

La vegetariana es una novela perturbadora porque nos muestra la fragilidad humana, la intolerancia, la violencia y la incomprensión alienadora a la que es sometida Yeonghye. Todo ello con una prosa sencilla de leer y narrando con trazos delicados situaciones crueles y desgarradoras.

Nota para el siguiente artículo: El 15 de agosto del 2015 murió Rafael Chirbes, uno de mis autores contemporáneos favoritos. El próximo artículo lo dedicaremos a comentar la última obra que publicó: París-Austerlitz, una novela breve magnífica.