Nuestro invitadoA Joseph Conrad lo enterraron en el cementerio de Canterbury con tres errores en su nombre y un verso:
Dormir tras el trabajo, puerto tras mares tormentosos,
calma tras la guerra, muerte tras la vida, son magnos placeres.
Su verdadero nombre Józef Teodor Konrad Korzeniowski. Todo en su vida parece impregnado de la incertidumbre que reina en el mundo en el que le tocó vivir. Nace en el seno de una familia de nobles polacos cuando el Estado polaco no existía. Para huir del reclutamiento del ejército zarista, acaba en Marsella enrolándose, por primera vez, en un barco mercante. Iniciando de esta manera la vida marinera que lo atraía desde niño. Es el comienzo de una vida intensa en viajes y aventuras que plasmará en muchas de sus obras. Muy pronto, el romanticismo de la dura vida marinera en los grandes veleros de madera se verá desplazada por la deshumanización que imponen los barcos de vapor y acero. Joseph Conrad es testigo de la desaparición del mundo marinero que tanto lo atraía, el de los grandes barcos veleros. No tuvo más remedio que buscar trabajo en los segundos, los barcos de vapor. Lo que nos lleva a la peor de sus aventuras y a una de sus mejores obras, El corazón de las tinieblas. Contratado por tres años para operar un vapor en el río Congo, su experiencia africana solo durará seis meses. En su novela denuncia las atrocidades que se estaban cometiendo en el Estado Libre del Congo, patrimonio personal del rey de Bélgica, Leopoldo II. Y la ferocidad depredadora del llamado “mundo civilizado”.
El título de esta entrada está sacado del obituario que Virginia Wolf escribió por la muerte de Joseph Conrad para Times Literary Supplement. Maya Jasanoff, en su libro La guardia del alba. Joseph Conrad en el nacimiento de un mundo global, publicado por Debate (que es el objeto del comentario en esta entrada al blog), nos dice que llamarlo Nuestro invitado enfatiza la extranjería de Conrad, su “aire de misterio”, su aspecto extraño (poco británico, podemos apuntar) y su fuerte acento. También nos dice que, aunque elogiaba las obras marineras de Conrad como clásicos perdurables, juzgaba sus novelas posteriores poco convincentes y atractivas sobre todo para “niños y jóvenes” (pág. 326). El tiempo le ha quitado la razón a la gran escritora.
Maya Jasenoff sitúa la biografía de Joseph Conrad en el contexto histórico del tiempo que le tocó vivir. Un mundo que empezaba a acelerarse, a globalizarse y a hacerse pequeño. Un mundo en el que la revolución tecnológica en el transporte y las comunicaciones impulsan un capitalismo implacable y cainita. Las grandes potencias en las que se desarrolla el capitalismo necesitan exportar productos, capitales y personas. Esa etapa histórica que, algunos historiadores sitúan entre la mitad del siglo XIX y la Gran Guerra (I Guerra Mundial, 1914-1918), tiene su continuación en el imperialismo financiero posterior y, si me lo permitís, en el imperialismo tecnológico que vivimos en la actualidad.
Joseph Conrad es al mismo tiempo actor, observador y comentarista con sus obras de esa etapa histórica. Lo hace además en su cuarta lengua, el inglés, que aprendió cuando tenía veintiún años. En esa época ya hablaba el polaco (su lengua materna), el ruso y el francés. Y se convirtió en uno de los autores más destacados de la literatura inglesa.
Todo eso y mucho más podemos leer en el magnífico libro de Maya Jasenoff que estructura en cuatro grandes partes: Nación, Océano, Civilización e Imperio.
Además de desarrollar la biografía de Joseph Conrad en cada uno de los capítulos, Maya Jasenoff nos habla de las novelas más significativas en cada uno de estos períodos de la vida del autor. La primera parte, Nación, la finaliza comentando El agente secreto. «Cuando lo terminó, Joseph Conrad fue consciente de que marcaba “un punto de partida claramente nuevo en mi obra”» (pág. 101). Es la primera novela que no tiene como escenario el mar.
En la segunda parte, Océano, se destaca Lord Jim. La novela de Joseph Conrad que más éxito de crítica obtenía hasta la fecha. Según la autora, una novela imperial de aventuras con todos los ingredientes para conseguir el éxito que obtuvo: peligros en alta mar, combates en la jungla, piratas despreciables, una doncella fascinante y un joven en busca de honor. (Pág. 163).
El corazón de las tinieblas le sirve a Maya Jasenoff para el desarrollo de la tercera parte, Civilización. «Cuando apareció la novela en 1899, muy pocos europeos conocían “el horror” que se estaba desarrollando en África Central […] Cuando se volvió a publicar en 1902, un joven empleado naviero, Edmund Dene Morel, consiguió sensibilizar a la opinión pública sobre lo que estaba ocurriendo en el Estado Libre del Congo.», (Pág. 227).
En la última parte, Imperio, Joseph Conrad dirige la mirada hacia el Nuevo Mundo, la novela que nos guía por estas páginas es Nostromo, convertida en casi una profecía del futuro dominio del mundo que ejercería Estados Unidos.
Los títulos de novelas enumerados en este resumen de las partes en las que se estructura el libro no son los únicos que la autora comenta. Están todos, o prácticamente todos, de la producción literaria de Joseph Conrad.
La guardia del alba. Joseph Conrad en el nacimiento de un mundo global, de Maya Jasenoff es un libro de historia, una biografía completa de Joseph Conrad y un estupendo análisis de la obra del autor. Una obra de fácil lectura que te engancha y te adentra en un período histórico de cambios vertiginosos que todavía no ha finalizado. Para Maya Jasenoff, las tensiones que el imperialismo y el colonialismo crearon, como los movimientos migratorios, el terrorismo, el enfrentamiento de los nacionalismos y los cambios tecnológicos perduran hoy día. La autora nos convida a descubrir el por qué a través de la vida y obra de Joseph Conrad.
Acabo esta entrada reproduciendo el primer párrafo del capítulo 12 de la cuarta parte del libro de Maya Jasenoff:
«Este es un momento crítico en la historia del progreso humano», advertía el intelectual estadounidense W.E.B. Du Bois en 1910, en el número inaugural de The Crisis, la revista de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color. «La humanidad entera se está convirtiendo en un solo pueblo». Si la humanidad va en la dirección correcta, «la tolerancia, la razón y la clemencia pueden hacer que el sueño del viejo mundo de la hermandad de los hombres se acerque hoy a la realidad». Pero si las personas no seguían esforzándose por alcanzar la unidad, descubrirían que «el fanatismo y los prejuicios […] podían hacer que se repitiese la horrible historia del contacto entre naciones y grupos del pasado».(Pág. 297).
